La absurda complicación de la existencia

Ha pasado la Semana Santa. La verdad, lo he pasado bien, simplemente porque me gusta el olor a incienso, las procesiones, la majestuosidad con la que los costaleros llevan los pasos, los potajes, arreglar a los santos... en fin... es lo q tiene ser una beatilla. No me da vergüenza reconocerlo. Parece que hoy día decir que crees en Dios... es peor que ser una bruja en la Edad Media. Te llueven críticas vacías de contenido, argumentos desgastados y razonamientos llenos de sinsentido. Cada uno cree en lo que le da la gana. PERO ESTE NO ES EL TEMA DEL POST.
Aunque este tampoco es el tema, quisiera hacer una pequeña reseña al día de ayer, que fue el cumple de mi papi. Toda la familia reunida para celebrar los 71 añitos de mi padre. He de reconocer que me reconfortó y sentí especial admiración, más de la que siento cada día por ellos, por mis padres, por ver cómo se miraban, el brillo en sus ojos mirándose el uno al otro, cómo mi santa madre preparó las cosas para el cumple de su santo marido... Son un gran ejemplo a seguir.
El tema en cuestión: La forma de complicar las cosas.
Si, la vida es más fácil de lo que creemos, nos complicamos por las segundas intenciones que tienen ciertas afirmaciones, nos aumentan las dioptrías intentando leer entre líneas unas palabras que no existen, perdemos un tiempo maravilloso buscándole la quinta pata al gato, intentamos desencriptar suspiros o miradas para averiguar el terrorífico mensaje que se nos ha intentado enviar.
Dejémonos de tonterías, poooor favooor, que aunque no todo es o blanco o negro, hay una importante gama de colores que se pueden combinar de manera casi perfecta. Tanto rollo para decir que voy a seguir el camino de las baldosas amarillas que me lleven a la tierra de Oz
